El oro brilla (y contamina) más que nunca en medio de la volatilidad

El oro brilla (y contamina) más que nunca en medio de la volatilidad

La industria celebra avances en descarbonización y certificaciones “ecológicas”, pero detrás del discurso persisten elementos que comprometen los recursos naturales y la biodiversidad

Desde inicios de 2026, el mercado global del oro ha alcanzado niveles de valoración históricos, consolidándose como el activo de refugio definitivo en un contexto de volatilidad geopolítica. 

Pero detrás de su brillo como reserva de valor, la industria se enfrenta a una presión sin precedentes por parte de organismos reguladores y entidades científicas internacionales. 

Según datos del Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la extracción de este metal precioso sigue representando uno de los desafíos ecológicos más complejos del siglo XXI, debido a su huella hídrica, química y de carbono.

La huella de carbono

De acuerdo con el informe sectorial Gold ESG Focus 2025/2026, elaborado por Metals Focus para el sector extractivo, la industria del oro ha logrado un hito significativo: las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) de alcance 1 y 2 han descendido por debajo de los 30 millones de toneladas de CO2 equivalente (Mt CO2e) por primera vez en más de una década. 

Este descenso responde a la transición energética en las minas de gran escala (LSM), impulsada por la descarbonización de las redes eléctricas y el uso de flotas eléctricas.

Sin embargo, la intensidad de emisión por onza de oro sigue siendo un dato crítico para los analistas ambientales. A pesar de los avances, la industria aún contribuye con aproximadamente el 0.2% – 0.3% de las emisiones globales totales de gases de efecto invernadero, una cifra considerable para un solo sector metálico.

El sector más contaminante

El uso del mercurio en la minería a pequeña escala, sobre todo en Sudamérica y zonas de Asia y África, tiene consecuencias nocivas para la salud de hasta 100 millones de personas, según el PNUMA.

Este sector, en manos de mineros artesanos y de pequeñas explotaciones, a veces ilegales, sería la mayor fuente de contaminación por mercurio en el mundo.

Desde hace tres mil años, las gotas de este metal se utilizan para amalgamar las partículas de oro y facilitar así su extracción. Pero el mercurio que queda en el agua y en los sedimentos llega a los árboles o es ingerido por los animales, sobre todo los peces, y alcanza así a la cadena alimentaria humana.

“Yo he visto en Nicaragua con mis propios ojos a mineros bateando en el río, como los vaqueros de antaño, con una botellita de mercurio atada al cinturón. Echan unas gotitas y estas atrapan las pequeñas partículas de oro hasta que se hace una bolita, que luego meten al fuego para evaporar el mercurio. Eso es supercontaminante”, dice el ingeniero de minas Alberto Lavandeira, consejero delegado de Atalaya Mining, dueña de Riotinto.

Lavandeira, con más de 40 años de experiencia en el ramo, asegura que el 95% del oro procede de explotaciones industriales modernas, en las que jamás se emplea el mercurio.

Pero lo que no dice es que sí se utiliza un compuesto cuyo nombre está asociado a prácticas peligrosas: el cianuro.

“La mayor parte de la minería de oro puro se arranca de la roca”, explica el ingeniero. “Se tritura y se muele utilizando un reactivo que lo disuelve, que es el cianuro sódico, y una vez disuelto se fija en carbón activo y se recupera. La polémica es por el cianuro. Pero todas las minas utilizan cianuro en circuito cerrado, no hay vertidos. Sería caro, porque si se vierte estaríamos tirando lo que se obtiene, el oro. Y cerrarían la explotación”, asegura.

El ingeniero defiende que, “como cualquier actividad industrial”, la minería del oro está sujeta a una reglamentación estricta en materia de contaminación que nada tiene que ver con lo que él conoció cuando acabó la carrera en 1979 “y los lodos negros se vertían al río”.

“Las cosas ahora mismo se hacen mejor, primero porque los técnicos queremos. ¿Qué sentido tendría hacerlo mal para que un problema nos llevara a la cárcel? Y segundo, porque lo marca la legislación. ¿La minería del oro es contaminante? Siempre puede haber alguien que lo haga mal, pero, en general, no”, afirma.

Efectos secundarios

En lo que se refiere a la minería artesanal, sigue siendo un reto “poner fin al rastro tóxico de la minería de oro a pequeña escala”, según señala PlanetGOLD, programa financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial.

Según sus datos, la minería artesanal emite más de dos mil toneladas al año de mercurio, un metal que no se degrada.

“Esto incluye las emisiones a la atmósfera de amalgamas de calentamiento, así como las pérdidas directas de mercurio a la tierra y el agua”, señala.

Los efectos ambientales y sobre la salud de la contaminación por mercurio “no son visibles de inmediato y pueden variar dependiendo de múltiples factores”.

El programa incide en que hay prácticas que reducen o eliminan el uso de mercurio, entre ellas técnicas mejoradas de aplastamiento y fresado y herramientas de concentración por gravedad.

Pero la principal dificultad, apunta, es la falta de conciencia de los peligros por parte de los mineros artesanales, y hacia ahí se enfocan muchas de sus acciones.

A las pequeñas entidades mineras que entran en el programa se les pide una licencia ambiental para trabajar en la zona, un plan para reducir la degradación de la tierra y el agua y medidas para proteger los ecosistemas circundantes, entre otros requisitos.

El impacto a los recursos naturales

La minería de oro es intensiva en el uso de agua. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el IGF han advertido sobre la competencia por el recurso hídrico en regiones con estrés hídrico. Se estima que, en promedio, la producción de una sola onza de oro requiere el procesamiento de entre 20 y 100 toneladas de roca, lo que genera volúmenes masivos de relaves (residuos mineros).

Pero para los especialistas, el llamado Drenaje Ácido de Mina (DAM) es quizá el problema a largo plazo más grave, ya que cuando los minerales sulfurados se exponen al aire y al agua, generan ácido sulfúrico que lixivia metales pesados (cadmio, arsénico, plomo) hacia los acuíferos.

Aunque tras la implementación del Estándar Global de Gestión de Relaves para la Industria Minera (GISTM), las dependencias especializadas reportan una mayor transparencia, el riesgo de fallas en presas de residuos sigue siendo una preocupación central para las ONGs ambientales independientes.

Oro ecológico: ¿realidad o marketing?

Ante este panorama, han surgido certificaciones que garantizan la producción de oro ecológico o “verde”. Este concepto no sólo se refiere a la reducción de emisiones, sino a la eliminación total de sustancias tóxicas en el proceso de extracción.

El estándar líder, Fairmined (Minería Justa), gestionado por la Alianza por la Minería Responsable, establece criterios técnicos estrictos para que el oro sea considerado ecológico.

Entre ellos se encuentra la eliminación de mercurio y cianuro, ya que se utilizan métodos de separación gravimétrica avanzados (concentradores centrífugos) que aprovechan la alta densidad del oro para separarlo de la roca sin químicos.

En casos específicos, se emplea el bórax como fundente sustituto del mercurio, una técnica promovida por institutos científicos para reducir la toxicidad.

En línea con la llamada “restauración progresiva”, las organizaciones mineras certificadas deben presentar planes de cierre de minas que incluyan la reforestación inmediata con especies nativas y la estabilización química del suelo.

En lo que se refiere a trazabilidad y energía, el oro ecológico a menudo integra el uso de paneles solares para alimentar las plantas de procesamiento, reduciendo la huella de carbono a niveles cercanos a cero por onza.

De acuerdo con el Reporte Anual de ARM 2024-2026, las minas certificadas bajo el sello Fairmined Ecological deben demostrar un impacto neto positivo en la biodiversidad local, lo que eleva el costo de producción pero garantiza un producto libre de los estigmas ambientales tradicionales.

Mientras tanto, los expertos aseguran que para 2026 la trayectoria de la minería de oro está marcada por la economía circular. El WGC enfatiza que el reciclaje de oro (especialmente de desechos electrónicos o e-waste) emite hasta un 90% menos de CO2 que la minería virgen.

Por su parte, institutos de investigación independientes sostienen que la única forma de mitigar el impacto ambiental total es reducir la dependencia de la extracción primaria mediante políticas de recuperación urbana.

La transición hacia una “minería inteligente” con inteligencia artificial para la clasificación de minerales y el compromiso de emisiones netas cero para 2050 son los pilares que definen el discurso técnico actual.

Un valor que no caduca

Alberto Lavandeira le sorprendió la subida tan alta del precio del oro en enero pasado, aunque la entiende por tratarse de “una moneda más” a la que se recurre en épocas de inestabilidad.

Y destaca dos aspectos: no se puede aumentar la producción de oro -“si no produce más es porque no hay: construir una mina llevaría 3 o 4 años”- y se trata de una moneda que nunca se destruye.

“Todo el oro que se ha sacado históricamente, desde los faraones, está todavía en circulación en algún lado”, asegura.

Fuente: El Sol de México

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