El vacío legal y el abuso de las pautas de abordaje para animales de compañía obligan a las aerolíneas internacionales a endurecer sus restricciones, afectando directamente a quienes dependen de ellos por salud mental
La presencia de mascotas de asistencia y apoyo emocional en los aviones se ha convertido en un tema de creciente relevancia, especialmente a raíz de la pandemia. Liz Vega, experta en turismo, abordó esta situación en entrevista con Darío Celis. Destacó la compleja balanza entre la necesidad genuina de acompañamiento animal y los abusos que han surgido, llevando a un cuestionamiento de las regulaciones existentes por parte de aerolíneas y autoridades de aviación.
La especialista explicó que, si bien las aerolíneas y autoridades de aviación han analizado la presencia de mascotas a bordo, la situación ha evolucionado significativamente. La pandemia de COVID-19 y las consecuentes situaciones de soledad y problemas de salud mental como depresión, angustia y ansiedad, han incrementado la demanda de animales de asistencia. Estos seres sintientes, principalmente perros entrenados, no solo brindan apoyo a personas con discapacidades físicas visibles, sino también a quienes enfrentan necesidades de salud mental.
“El tema aquí es que a partir de la pandemia y de tantas situaciones de soledad y de enfermedades mentales que hemos pasado por depresión, angustia, ansiedad, muchísimas personas en el mundo realmente se vuelve una necesidad muy grande el tener animales que son de asistencia, que son de compañía”, afirmó Liz Vega.
Perros de asistencia en cabina: ¿necesidad terapéutica o exceso en las alturas?
A pesar de la importancia de estos animales para el bienestar de sus dueños, Liz Vega señaló que se ha detectado un “mal uso” de las facilidades que ofrecen las aerolíneas, especialmente en Estados Unidos y Europa.
Estos abusos están provocando que las autoridades reconsideren y legislen de manera más estricta. La experta mencionó casos de perros de gran tamaño, como gran daneses, ocupando asientos en la cabina, lo que ha generado situaciones que incluso se han viralizado en redes sociales.
“Hoy en día se vuelve una necesidad muy importante, pero muchas personas desafortunadamente también han hecho un mal uso, muy mal uso de este tipo de facilidades”, indicó la experta en turismo.
“Hemos visto inclusive a perros de gran tamaño sentados o dentro de un avión. Hemos visto perros incluso gran danés ocupando uno o dos asientos”, añadió.
Transportar animales en un avión puede ser mortal
La experta también destacó que algunos influencers o bloggers han generado “dramas” en aeropuertos para llamar la atención o ganar seguidores, perjudicando a quienes realmente necesitan llevar a sus animales de asistencia. La necesidad de estos animales debe ser indicada por un médico psiquiatra o terapeuta, y las aerolíneas solicitan una serie de documentos que certifiquen que el animal está capacitado y entrenado para su función.
Un punto crítico abordado por la especialista es el destino de los animales de asistencia cuando no se les permite viajar en cabina. La experta lamentó que, en ocasiones, estos animales, que son costosos y vitales para la persona, son enviados a la bodega del avión, donde pueden sufrir consecuencias fatales.
Esta situación condena no solo al animal, sino también a la persona que depende de él para su calidad de vida física, intelectual y mental.
“Si a ese animal lo condenan a ir en una jaula abajo en la panza del avión, como le llamamos coloquialmente, dentro de lo que van a ir con una cabina presurizada y en muchas ocasiones hemos sabido que llegan desafortunadamente muertos, pues entonces estamos condenando también a la persona que lo necesita”, enfatizó Liz Vega.
La especialista hizo un llamado a la educación y a la conciencia sobre lo que realmente se requiere para el transporte de estos animales, anticipando que en futuras ocasiones se abordarán las empresas dedicadas a la tramitología y el entrenamiento de estos compañeros, quienes, según la experta, “se portan muchas veces mejor que los propios pasajeros a bordo”.
Fuente: El Heraldo
